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MEDITACIÓN CENTRANTE

Sin lugar a dudas "mi Herramienta" predilecta. La meditación centrante, en mi caso la meditación Zen, es la inversión más buena que he realizado en el trabajo conmigo misma, y la que me ha dado unos beneficios más significativos y profundos. Con ello no estoy diciendo que tenga que ser lo mismo en tu caso, pero te animo a que lo averigues por ti mism@.

Vas a utilizar la meditación centrante como Herramienta para que te ayude a calmar la mente, para poder desidentificarte de ella y tener la ocasión de "vivirte" desde el Ser que realmente eres.

 

Cuando hablamos de meditación y de búsqueda de nuestra verdadera naturaleza, nos encontramos con la dificultad de definir realmente lo que estamos “buscando”. Estamos hablando de algo que no tiene forma de definirse, es una realidad que "Es", sin más, y que parece intuirse.

Lao Tse, en el Tao Te Ching, nos dice ya al comienzo: “El Tao que puede nombrarse no es el verdadero Tao”.  

Estamos hablando de algo que no puede definirse desde el concepto. Ya los grandes Maestros nos hablan de algo que apunta a una Realidad que no se puede captar desde nuestro patrón dualista de ver y entender las cosas. No hay teorías, sólo la intuición, si se le puede llamar así, de que hay algo que nos ayudará a los “buscadores” a entender el sentido de la vida y de la muerte, el quién Soy en definitiva.   

Antes de pasar a la práctica de la meditación centrante, conviene que entiendas muy bien el sentido de centro de gravedad del cuerpo. Para ello me voy a basar en los escritos de Karlfried Graf Dürckheim. (1)

Dürckheim nos habla de la zona del cuerpo por debajo del ombligo, a la que los japoneses le llaman Hara, como verdadero centro de gravedad del cuerpo.

 

Según Dürckheim, "el hombre que dispone de hara 'está ahí' bien derecho. No es fácil hacer que se tambalee, ni que cambie de opinión; si recibe un golpe que le haga perder el equilibrio, o que le obligue por un momento a comprometer todas sus fuerzas, recobra con toda naturalidad su centro" (p.192, Hara).

 

En los sistemas de trabajo con la energía, que nos vienen de tradiciones milenarias de China, como son, por ejemplo, el Taichí o el Qigong, se nos anima a prestar atención, principalmente en esa misma zona. “Si quieres buscar el origen de tu poder, lo encontrarás expandiendo tu zona lumbar, metiendo la pelvis, levantado las rodillas y hundiendo tu Qi (energía). Entonces, todo tu cuerpo está sólidamente plantado en el suelo. Así estabilizas tu cuerpo, manteniendo tu centro.  El cuerpo humano no sólo tiene una línea central, sino también un punto central, que es nuestro centro de gravedad. Está situado en la mitad superior de la línea central, medida desde lo alto de la cabeza hasta el suelo… Está ligeramente por debajo del ombligo y justo por encima del sacro”. (2)

 

Pero, para practicar un método meditativo, el conocimiento de teorías o principios no es indispensable; necesitas una buena práctica para poder experimentar, por lo que vamos a dejar de lado ese aspecto, y te animo a que vayas descubriéndolo por ti mism@ sin necesidad de acogerte a ninguna doctrina. Si el trabajo que haces es auténtico, te aseguro que vas a ir cayendo en la cuenta de una Verdad que está por encima de cualquier doctrina o religión y, al mismo tiempo, te hablará de todas ellas.  

Así pues vamos a entrar en el detalle de cómo practicar la meditación centrante. 

(1) Catedrático de Psicología y Filosofía en la Universidad de Kiel en sus últimos años, fue combatiente en la Primera Guerra Mundial y desde 1937 a 1947 estuvo en Japón aprendiendo y investigando sobre la cultura japonesa, principalmente se adentró en el conocimiento del Zen, a su vuelta en 1950, puso en marcha en Todmoos- Rutte (Selva Negra) el Centro Rutte y la Escuela de Terapia Iniciática.

 

(2) Escritos de Wang Xiangzhai. El Tao del Yiquan. Pag.65. Jan Diepersloot. 


 

Lugar recomendado:

Tranquilidad ante todo. Busca un espacio donde puedas estar sin ser molestad@ hasta el final de la meditación.

 

Sirve cualquier espacio que puedas conseguir en el lugar en que te encuentres (sea en tu casa, o en la oficina), un lugar en el que nadie te vaya a molestar durante unos minutos. Siempre te ayudará más el hecho de que el espacio donde vayas a trabajar esté aseado y ordenado, y que la temperatura sea agradable, dentro de la estación del año en la que te encuentres. Es importante también, cuando haces un ejercicio de meditación, que no haya corrientes de aire ni temperaturas extremas.

 

Cuando se crea un entorno adecuado es más fácil practicar. Te sugiero que, aunque sea un pequeño espacio de tu casa, le des un ambiente que sea agradable para ti y que te inspire.

 

Si, por cualquier razón, no dispones de un lugar “idóneo” para realizar el ejercicio, ¡NO DEJES DE HACERLO! Es mucho más importante el hecho de que lo hagas al dónde lo hagas. Nunca dejes de hacer un ejercicio por circunstancias que “hipotéticamente” te lo impidan, sino más bien al contrario; saca a relucir tu abundante creatividad (todos la tenemos, aunque a veces esté un tanto dormida). Sólo tienes que ponerla en funcionamiento, y verás cómo te sorprende. Y, por encima de todo, adapta el ejercicio a tus circunstancias. 

 

 

Tiempo recomendado:

Con cinco o diez minutos al día será suficiente. Puedes ir ampliando progresivamente hasta un máximo de 30 minutos cada sesión. Ahora bien, no hace falta decir que cuantas más veces puedas repetirlo, mucho mejor. Si lo realizas 5 minutos al levantarte y cinco minutos antes de acostarte será un buen comienzo.

 

No te pongas un objetivo muy alto al principio, pues es más fácil que puedas desanimarte si no lo consigues. Es mejor empezar con pequeños espacios para la meditación y poder alcanzar el objetivo marcado.

 

Por otra parte, te aconsejo que lo vayas realizando durante un mes como mínimo, y a diario, para poder notar su efectividad y sus enormes beneficios.

 

También te recomiendo que tengas un reloj a mano, o algún sistema suave de aviso para advertirte cuando el tiempo establecido haya transcurrido. Estarás mucho más atento y presente en el trabajo meditativo si sabes que, al cabo de 5 o 10 minutos, el avisador te va a indicar el momento de finalizar, en vez de estar revisando el reloj mientras meditas.

     

 

Desarrollo del ejercicio:

Antes de empezar el ejercicio, vas a hacer un par de respiraciones profundas, inhalando por la nariz y dejando que el aire te llene profundamente, para luego ir soltando el aire muy lentamente y despacio, por la boca, haciendo una espiración prolongada.

 

Después de hacer estas dos respiraciones , vas a dejar que tu ritmo respiratorio se armonice, abriendo levemente la boca y dejando que la respiración larga sea larga y la corta, corta; así conseguirás que se armonice de forma natural. Verás que, pasado un tiempo, surge una sensación de atención y presencia más acusadas, y la respiración se vuelve natural. En ese punto es cuando pasarás a la respiración nasal, dejando que siga el mismo ritmo natural. 

Seguidamente, en el lugar que hayas escogido para hacer el ejercicio, siéntate cómodamente. Es importante que te sientas a gusto. Si te apetece, puedes ponerte una velita, quemar incienso, esencias, poner una luz más tenue o lo que prefieras para estar bien. 

 

Hay tres puntos importantes en la práctica de la meditación:

 

1.      La postura

 

Puedes sentarte en un cojín de meditación. Suelen tener unos 6-9 cm de alto, y nos ayudan a tener la postura más adecuada para la meditación. También puedes utilizar una banqueta para meditar (son de madera y, por lo general, bastante cómodos para la postura de rodillas). Tienen una inclinación característica que nos ayuda a sentarnos fácilmente. Son muy útiles para aquellas personas que puedan tener un problema de espalda o de rodilla.

 

En cualquier caso, lo mejor que puedes hacer es probar el sistema que te sea más cómodo. En última instancia, si tienes algún problema que te impida sentarte en un cojín o una banqueta, una silla puede servirte a la perfección.

 

Si vas  a sentarte en un cojín, tienes la opción de cruzar las piernas en loto completo, poniendo un pie sobre el muslo contrario y viceversa; o medio loto, que se hace colocando el pie de la pierna izquierda sobre el muslo de la derecha. Te aconsejo que busques una postura que no te haga sufrir demasiado, que se adapte a tus posibilidades, si no quieres sufrir innecesariamente.

 

La espalda ha de estar siempre erguida, como si te sujetaran de un hilo desde la coronilla hasta el techo; la barbilla un poco hacia dentro y relajada te ayudará a suavizar la lordosis cervical (curva del cuello); el pecho ha de estar relajado.

 

Las manos puedes ponerlas haciendo un “mudra” básico que es poniendo la mano derecha boca arriba a la altura de tu centro de gravedad, “hara”, como te he dicho anteriormente, más o menos 3 dedos por debajo del ombligo, y la izquierda arriba también con la palma hacia el cielo. Las yemas de los pulgares se tocan ligeramente, de tal forma que entre las palmas y los pulgares se forma un círculo aplanado por arriba. Si te es muy incómodo o tienes alguna dificultad, apoya suavemente tus manos sobre los muslos con la palma hacia abajo y déjalas ahí, en reposo.

 

Estate atent@ para mantener la cabeza derecha. Los hombros procura tenerlos también relajados. Si, en tu caso, tienes que sentarte en una silla, hazlo sentándote en el extremo de ésta, sin apoyar la espalda en el respaldo. Mantén la misma postura que indico para meditar en cojín o banqueta. Es muy importante que los pies estén bien apoyados en el suelo, sin cruzar las piernas, ni ponerse de puntillas. Si tu silla es muy alta y no te deja apoyar bien los pies en el suelo, convendrá que te pongas un alza, o bien coger una silla más baja, para que los pies queden bien asentados en el suelo.

 

Es importante una colocación adecuada, para no tener más molestias de las necesarias cuando se está en meditación.

 

Para hacer esta meditación vas a ponerte de frente a la pared, a un metro de distancia aproximadamente, y vas a mantener los ojos abiertos, pero recogidos delante de ti, fijos en un punto en el suelo o en la parte baja de la pared. En mis comienzos solía ponerme una marca con un adhesivo, o cualquier otra cosa que me indicara el punto donde debía reposar la mirada. La vista ha de estar relajada. Muy quieta en un mismo punto. Si muevo los ojos, mi mente se mueve, y eso es lo que pretendo evitar.

  

2.      La respiración

 

La actitud en la meditación es una actitud de no apego. Cuando te sientas en silencio o a meditar,  la mente se pone automáticamente muy activa, y no paran de emerger pensamientos. La mente, anclada en la respiración, te ayudará a dejar de lado los pensamientos o preocupaciones, y se irá silenciando.

 

La espiración vas a hacerla por la nariz. Tu atención vas a ponerla en la zona donde se halla tu centro de gravedad, hara o Dan T’ien; y, con toda la atención  puesta en esa zona, vas a dejar que la inspiración se realice espontáneamente y llegue hasta tu centro. Detente ahí un instante y deja luego que salga por la nariz, a la vez que, interiormente, vas a contar “unooooooo”. Procura coger un ritmo, sin parar, y ve contando las espiraciones hasta que llegues a 10. Después, comienza de nuevo por el 1 y repite el ciclo. No olvides que las espiraciones han de ser más largas que las inspiraciones.

 

Tu mente se unifica en tu centro de gravedad, mientras vas haciendo las respiraciones de forma pausada y rítmica. La respiración no debe en ningún momento ser forzada. Es natural y silenciosa. Céntrate en tu hara y deja que los pensamientos vayan surgiendo y desapareciendo, sin poner ninguna intención ni juicio en ellos. Deja que tus pensamientos esporádicos afloren y se desvanezcan cuando quieran, mantén la atención en contar las respiraciones.

 

 

3.      La actitud

  

La actitud adecuada es la de una absoluta atención en el instante presente. Tu atención ha de ser completa y absoluta. Tu actitud es la de "no hacer ni buscar nada“. Esta meditación está enfocada principalmente a soltar, no a buscar nada. Dürckheim nos dice: 

 

"Buscar, encontrar… Son palabras que debemos eliminar de nuestro vocabulario. No hay que buscar jamás. ¿Acaso la rosa quiere ir a buscar su flor en su raíz? Lo que hace falta es dejarse encontrar. Toda la vida espiritual está ahí. Puesto que el Ser no hace otra cosa que buscarnos. Dejarse encontrar quiere decir: Dejar que el Divino se exprese en nosotros, a través de nosotros, abrirse para dejarse encontrar…”

 

“Es lo que los japoneses denominen Za-Zen y que consiste en alcanzar el cielo y la tierra mediante la posición justa. Hacer cesar el torbellino de los pensamientos y de las inquietudes. Abrirse es extremadamente importante. Es la base misma de nuestra enseñanza, por supuesto, con una respiración correcta. En la sentada, hay algo que os busca, y vosotros debéis dejaros encontrar. Es la experiencia del Ser. En el momento que lo experimentáis, se rompe vuestra vieja persona y sois sacudidos hasta un punto tal, que os sentís capaces de hacer  

cualquier cosa.”

 

Ésta es la actitud. Te sientas en la postura adecuada, te centras en la respiración. Pones tu atención en el Centro de Gravedad, y no te acoges a nada. Con esta actitud, deja que las cosas sucedan, sin más. Así de simple.

 

 

Observaciones:

Hacer este trabajo en grupo, aunque sea de vez en cuando, te va a ayudar en gran medida a mantener tu constancia y determinación. 

 

 

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IMPORTANTE: Consulta a tu médico si tienes algún problema físico o psicológico, o ante la más mínima sospecha de que estos ejercicios puedan perjudicarte. Midnight Sun no se hace responsable del mal uso de estos ejercicios.